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Is God Good? (Spanish, Pack of 25)

Crossway

9781682161395

Recuerdo que era un día de verano soleado en Brasil. Mi esposa, Denalyn, y yo pasábamos la tarde con nuestros amigos Paul y Debbie. Su casa era como un respiro de aire puro. Nosotros vivíamos cerca del centro de Rio de Janeiro en una torre de apartamentos. Paul y Debbie vivían a una hora del centro de la ciudad en una casa linda donde el aire era más fresco, las calles más limpias, y la vida más calmada. Además, tenían una piscina.

 

A Jenna, nuestra hija de dos años, le gustaba jugar con los hijos de Paul y Debbie. Y eso era exactamente lo que hacía cuando se cayó. No teníamos la intención de dejar a los niños desatendidos. Habíamos entrado a la casa por un momento para servir la comida. Estábamos platicando y comiendo cuando la hija de Paul y Debbie, que tenía cuatro años, entró y muy casualmente le dijo a su mamá: “Jenna calló dentro de la piscina”. Salimos volando. Jenna estaba golpeando el agua con sus manos en un intento desesperado de no hundirse, pues no llevaba puesto un salvavidas.

 

Paul la alcanzó primero.  Brincó al agua y con sus brazos la entregó a Denalyn. Jenna tosió y lloró un poco, y con eso quedó como si nada hubiera pasado. La tragedia fue evadida. Mi hija estaba bien.

 

¡Imagínate nuestro agradecimiento!

Inmediatamente nos reunimos a orar y levantar un canto de agradecimiento. Nuestros pies nunca tocaron tierra el resto del día, y Jenna permaneció en nuestros brazos.  Aún camino a casa, yo agradecía a Dios. En el retrovisor podía ver a Jenna profundamente dormida, y oré de nuevo: “Dios, eres tan bueno”.

 

Luego me surgió una pregunta en mi mente. ¿Una que viene de Dios? ¿O de la parte de mí que lucha al tratar de hacer sentido de todo esto? No sé. Pero aún recuerdo lo que la voz preguntaba: “Si Jenna no hubiera sobrevivido, ¿seguiría siendo Dios bueno?” Había pasado la mayor parte de la tarde anunciando la bondad de Dios. Pero si hubiéramos perdido a Jenna, ¿habría llegado a una conclusión diferente? ¿Dios es bueno solo cuando el resultado también lo es?

 

Cuando el cáncer está en remisión, decimos: “Dios es bueno”. Cuando llega el aumento de sueldo, anunciamos: “Dios es bueno”. Cuando la universidad nos admite o el marcador final está a favor de nuestro equipo…“Dios es bueno”. ¿Diríamos o decimos lo mismo bajo circunstancias diferentes? ¿En el cementerio al igual que en el cuarto del bebé? ¿En la fila de las oficinas de desempleo al igual que en la fila de la tienda? ¿En días de recesión al igual que en días de provisión?

 

¿Es Dios siempre bueno?

La mayoría, si no es que todos, tenemos un acuerdo contractual con Dios. El hecho de que él aún no lo firma no nos impide creer que lo tenemos.

 

Prometo ser una persona buena y decente, y a cambio Dios…salvará a mi hijo…sanará a mi cónyuge…protegerá mi trabajo…(llena el espacio en blanco). Esto es justo, ¿no? Sin embargo, cuando Dios no cumple con nuestras expectativas más profundas, nos quedamos girando en un tornado de preguntas. ¿Será bueno en lo absoluto? ¿Estará Dios enojado conmigo? ¿Perplejo? ¿Muy ocupado? ¿Estará limitado su poder? ¿Estará restringida su autoridad? ¿Será el diablo más listo que Dios? Cuando la vida no va bien, ¿qué debemos pensar acerca de Dios? ¿Dónde está él en todo esto?

 

A veces, Dios permite tragedias. Permite que la tierra se seque y que los tallos crezcan sin vegetación.  Permite que Satanás desencadene el caos, pero no permite que Satanás triunfe. ¿Que no es esta la promesa de la Biblia en Romanos 8:28: “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”?

 

Dios promete rendir belleza de “todas las cosas”, no de “cada cosa” individualmente. Los eventos individuales pueden ser malos, pero el fruto final es bueno. Podemos ver ejemplos pequeños de esto en nuestras propias vidas. Cuando disfrutas de una taza de café y dices: “¡Qué rico café!”, ¿Que estás diciendo?¿Que la bolsa de plástico que contiene los granos de café está rica?  ¿Que los granos de café en sí son ricos? ¿Qué el agua caliente está rica? ¿Qué el filtro de café está rico? No, ninguno de estos.

 

Lo bueno o rico sucede cuando los ingredientes trabajan juntos: la bolsa se abre, los granos se muelen, el agua se calienta a la temperatura exacta. Es la cooperación colectiva de los elementos que lo hace rico o bueno.

 

Nada en la Biblia nos llevaría a declarar una hambruna como algo bueno, o un ataque al corazón como algo bueno, o un ataque terrorista como algo bueno. Estas son calamidades terribles, nacidas de un mundo caído. Sin embargo, cada mensaje en la Biblia nos obliga a creer que Dios las mezclará con otros ingredientes y hará surgir algo bueno de ello.

 

Pero tenemos que dejar que Dios defina lo que es “bueno”. Nuestra definición incluye salud, comodidad, y reconocimiento. ¿Cuál es su definición? En el caso de su hijo, Jesucristo, la buena vida consistió de luchas, tormentas, y muerte. Pero Dios obró todo para el bien mayor: su gloria y nuestra salvación.

 

¿Será posible que cambiar la vida más difícil por la maravilla del cielo sea un buen trato? La Biblia dice: “Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento” (2 Corintios 4:17).

 

 

La oferta increíble de Dios

Supón que te he invitado a experimentar el día de tus sueños. Veinticuatro horas en un paraíso de una isla con tus personas, comida y actividades favoritas. La única condición es vivir un milisegundo de incomodidad. Por razones que he decidido no contarte, necesitarás comenzar tu día con el milisegundo de aflicción. ¿Aceptarías mi oferta? Creo que sí lo harías. Una fracción de un segundo no es nada comparado con las veinticuatro horas.

 

En el reloj de Dios, tú te encuentras en medio de tu milisegundo. Comparado con la eternidad, ¿qué son setenta, ochenta, o noventa años? Es simplemente un vapor, un tronar de dedos comparado con el cielo. Tu dolor no durará para siempre, pero tú sí. Recuerda que “en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros” (Romanos 8:18).

 

Si ya has aceptado la oferta de Dios a entrar en su familia al poner tu fe en Jesucristo, entonces puedes confiar en el plan de Dios para tu vida en cualquier crisis. La Biblia nos promete que nada “en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:39).

 

Si aún no has aceptado la oferta de Dios, lo puedes hacer ahora mismo. No porque te lo hayas ganado, sino porque él te ama y porque el regalo de salvación está disponible para todos los que lo profesan como Señor:

 

  • Cree que Dios mandó a su hijo, Jesucristo, a morir en la cruz en tu lugar por tus pecados.
  • Cree que Jesús resucitó de entre los muertos después de tres días, demostrando que Dios lo aceptó como tu suplente.
  • Cree la declaración de Jesús cuando dijo “—Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
  • Confiesa que has pecado y pide el perdón de Dios.
  • Invítalo a entrar a tu vida y pídele ayuda para dejar tus pecados atrás.

 

Si crees estas cosas de todo corazón y quieres ser parte de la familia eterna de Dios, puedes orar así:

 

“Dios mío, acepto que soy un pecador y necesito tu perdón. Acepto a Jesucristo como mi Salvador, quien dio su vida por mis pecados. Te entrego mi vida, Padre. Por favor entra en mi vida y ayúdame a vivir una vida que te agrade. Amén”.


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